domingo, 20 de mayo de 2012

Dios nunca nos falla

La fe lo arriesga todo en Dios, pero Dios nunca nos falla. Recuerdo una ocasión en la que estábamos montando una de nuestras carpas grandes. El terreno era blando, y si se producía alguna tormenta grande, se saldrían todos los postes. Entonces vi que se aproximaba una tormenta. Para mí contenía la lasciva mirada del rostro del diablo, y me puse en pie y le reprendí a él y a las nubes negras que avanzaban hacia nosotros. Si la carpa se caía, sería peligroso para las grandes multitudes congregadas en su interior, pero les dije a los hombres: “Adelante; predicaré en ella esta noche”. Hablé con convicción en mi corazón, la fe de Dios. Le dije en voz alta al diablo: “Si destruyes esta carpa, conseguiré una mayor”. (¡Conseguí una mayor de todas formas!). Alcé mi voz y le ordené a la tormenta que nos dejara en paz, y luego vi cómo se dividía, pasando por el norte y por el sur del área donde se encontraba nuestra carpa. El terreno permaneció seco y a salvo.

La fe es el eje de nuestra relación con Dios. La Biblia entera es una ilustración de esto. Sin embargo, no hay ningún tema que pida más explicación en las Escrituras que la fe y el don de fe. Particularmente nosotros queremos ayudar en este aspecto.

Lo que Jesús dijo quizá sea lo primero que la gente cita, que con fe suficiente podemos mover montañas (Mateo 17:20; 21:21). Sin embargo, nadie lo ha hecho jamás. No cabe duda de que muchos lo han intentado, por lo general con pocas esperanzas de éxito y quizá sin idea de dónde mover la montaña.

Ningún apóstol lo hizo, ni tampoco Jesús mismo. Dios planeó los paisajes en la Creación, y no creo que quisiera que nosotros cambiáramos el escenario. La ilustración más frecuente sobre la fe en el Nuevo Testamento son las sanidades, pero no debemos tomar esto como el uso principal del don de fe. ¿Por qué habló Jesús entonces de mover montañas mediante la fe?

Para los que quieren entender la Biblia, aquí tienen algo muy importante. Lea siempre pasajes completos, nunca sólo un versículo. No saque los textos fuera de su contexto en las Escrituras, como este acerca de mover montañas. Mateo 17:20 trata sobre la oración en contra de los demonios, y Mateo 21:21 tiene que ver con la oposición y los enemigos. Mover montañas se tiene que entender en conexión con esto.

Ahora bien, acerca de hacer lo imposible; aquí se han cometido graves errores. Para llegar al corazón del asunto, entraremos en el huerto de Getsemaní con un humilde asombro. El Hijo de Dios está orando por lo que es posible, y lo que Él dice penetra hasta el mismo corazón del asunto. Jesús dijo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Entendemos aquí que sólo son posibles las cosas que forman parte de la voluntad de Dios. Un discípulo que escuchó a Jesús en el huerto escribió después: “si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). Las oraciones de Cristo muestran que lo que es posible está limitado por los mismos demonios que Jesús vino a vencer. Por ejemplo, no fue posible que Dios nos salvara del mal y salvara a la vez a su Hijo. De igual forma, nuestra lucha contra el mal a menudo nos pone ante una situación similar. Ser aquello para lo que Dios nos envió, sus hijos dando testimonio en un mundo ajeno, significa que tendremos que sufrir maldades.

Recientemente se han cancelado algunas de nuestras campañas de evangelismo. Íbamos a confrontar los males, pero esos males fueron los que produjeron la retirada de visas y permisos. No se ha hecho la voluntad de Dios. Por eso debemos orar: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Nuestras vidas han estado bajo una seria amenaza, pero ese peligro sólo se podría eliminar cuando el evangelio entre en las vidas de nuestros oponentes. ¿Qué se puede hacer en tales circunstancias? Esto crea un dilema, y tenemos que dejar que Dios lo resuelva. Es parte del proceso, o la lucha, contra el diablo. He dicho por todas partes que aparentemente el sufrimiento y el ministerio de sanidad son inseparables. Sin embargo, moveremos montañas si seguimos caminando y creyendo.

- Tomado del libro Momento de actuar por Reinhard Bonnke.
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martes, 17 de abril de 2012

Misión de gracia

Cada hijo de Dios está en guerra. Si no lo estamos, significa que en realidad somos de este mundo y que hemos sido engañados al pensar que le pertenecemos a Dios.

Sé que es una frase dura, pero permítame ilustrar su realidad. Imagínese que vive en Alemania durante el régimen de Adolf Hitler. Este líder tirano finalmente quería establecer un nuevo orden de absoluta hegemonía nazi en la Europa continental. Estaba lleno de prejuicios en el sentido más puro, y a quienes más odiaba era a los de descendencia judía. Si usted tenía linaje alemán, era inteligente, sano y su pensamiento no interfería con la misión de Adolf Hitler, podía vivir en paz, libre de preocupaciones de ser atacado de alguna forma.

Sin embargo, si su linaje era judío, su vida sería totalmente distinta. Viviría bajo una constante amenaza de ataque. En cualquier momento podían golpearle, escupirle, o robarle; tendría que estar atento para evitar que le capturaran, esclavizaran, torturaran o asesinaran. Le gustara a no, estaba en guerra. El pueblo judío más sabio y prudente se armó e hizo todo lo necesario para escapar de la tiranía de Hitler. Quienes no lo hicieron fueron encarcelados en los campos de concentración.

Satanás y sus huestes son mucho peores que Hitler y su régimen nazi. Si usted es del linaje del diablo, no es un objetivo, y no tendrá que mantener una postura de guerra. Jesús les dijo a los líderes espirituales hipócritas de su tiempo: “Vosotros sois de este mundo” (Juan 8:23). Después, para asegurarse de que entendieran bien lo que les estaba diciendo, les dijo directamente: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:44). Aunque esos líderes creían que estaban sirviendo al Dios Todopoderoso, en realidad estaban sirviendo al tirano líder de este mundo.

Si usted es realmente de Dios, entonces debe estar en guardia porque el mundo en el que vive es hostil hacia cualquier cosa que sea del Reino de Dios. Jesús destacó esto diciendo: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:19). Observe sus palabras: el mundo os aborrece. No hay lugar para escaparse en esta frase. Si usted es del mundo, el mundo le recibirá; si es de Dios, sufrirá resistencia y el sistema del mundo le odiará.

Así, llegamos a otro aspecto importante de estar armados apropiadamente, y es tener amplio conocimiento de las armas que tenemos a nuestra disposición en Cristo Jesús. Son armas poderosas y espirituales, porque Pablo nos dice: “Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas” (2 Corintios 10:4, NVI).

¿Cuál es el “poder divino” que derriba fortalezas? No es otro que la increíble gracia de Dios, su regalo inmerecido para todos los creyentes. Sabiendo esto, avancemos en la primera carta de Pedro para ver esta gran verdad subrayada y ampliada para nosotros. Al hacerlo, tenga en mente que podemos sustituir las palabras poder u otorgamiento de poder por la palabra gracia, ya que son intercambiables.

“Y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia [poder] a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia [otorgamiento de poder], que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca . . . os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que ésta es la verdadera gracia [poder] de Dios, en la cual estáis” (1 Pedro 5:5-12, énfasis añadido).

Permítame resumir rápidamente las ricas palabras de Pedro. El tema principal de este pasaje es la gracia de Dios. Pedro comienza exhortándonos a someternos unos a otros. Otra forma de decirlo es a “estar bajo la misma misión”. Después nos asegura que Dios da su gracia a los humildes, y que somos considerados humildes cuando esperamos que su gracia (poder) sea lo que supla nuestras necesidades, y no nuestra propia fuerza.

¿De qué necesidades está hablando Pedro? Tienen que ver con los asuntos de la vida, como nuestras preocupaciones, responsabilidades, necesidades o varios deseos. Nuestras necesidades pueden ser temporales, o más importante aún, eternas: experimentar la vida abundante del Reino, y por consiguiente, suplir las necesidades de otros en nuestra esfera de influencia. En la búsqueda de esta misión de gracia, experimentaremos resistencia de nuestro archienemigo: el diablo y sus huestes. Él puede devorarnos, pero ese no es el plan de Dios. Por tanto, debemos mantener una actitud sobria, ser bien conscientes de las promesas del pacto de Dios, y estar atentos en oración. Así, siempre estaremos bien equipados por la gracia de Dios para avanzar los propósitos del Reino y resistir con éxito a nuestro archienemigo.

No estamos solos en nuestros esfuerzos; nuestros hermanos y hermanas están en la misma misión de gracia en todo el mundo y están experimentando batallas similares en nuestro objetivo similar. Lo bueno de estas batallas es que forjan madurez y fortaleza. Con cada victoria, somos exaltados a un lugar más alto de autoridad en Cristo.

Pedro termina el pasaje con este pensamiento vigorizador: Esta es (el propósito de) la verdadera gracia de Dios. ¿No es interesante que el Espíritu Santo se moviera sobre Pedro hace casi dos mil años para escribir las palabras la verdadera gracia de Dios? No fue un accidente; el Espíritu Santo anticipó que en los últimos tiempos el concepto de la gracia de Dios se reduciría (al menos en el pensamiento cristiano occidental) a una mera cobertura para el pecado y un billete para ir al cielo. La verdadera gracia de Dios incluye todo eso, y mucho más, ya que también nos capacita para ir más allá de nuestra capacidad natural para acometer la misión que tenemos entre manos. Un aspecto principal de esta misión es distinguirnos con el propósito de glorificar a Dios y avanzar su Reino.

—Tomado del libro Implacable de John Bevere.Image and video hosting by TinyPic imprimir página

viernes, 30 de marzo de 2012

Oye por tí mismo

La experiencia más grandiosa que puedo tener es oír la voz de mi Padre, no importa lo que diga o lo que me pida. Esta es la fuente de mi felicidad.

Hay varias maneras diferentes de escuchar a Dios. Una de ellas es a través de la lectura de las Escrituras. Otra es mediante el don de profecía, cuando opera a través de creyentes maduros de la Iglesia. Quizá la forma más poderosa de la profecía es la que uno recibe directamente de Dios, por sí mismo. Cuando tenemos revelación del amor de Dios y nuestros corazones han aprendido cuán maravilloso es realmente para con nosotros y cuánto nos cuida, podemos acercarnos a Él y comenzar a escuchar lo que nos pueda estar diciendo. Jesús prometió hablarnos personalmente. “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”, dijo Jesús en Juan 10:27 (RV60). Si usted no oye su voz, ¿es realmente una de sus ovejas? ¿O solamente tiene problemas para oír?

Yo creo que en esta vida todo comienza con un pensamiento, incluso escuchar a Dios. Si nuestros pensamientos son  llenos de desesperanza, se convertirán en instrumentos del diablo para llevarnos al desaliento y la derrota. Nos sentimos como abandonados, vencidos, sin nada que hacer y a veces retrocedemos de la comunión con Jesús y volvemos a una vida de pecado. Terminaremos haciendo algo muy negativo que estamos “viendo” en nuestros corazones.

Si, por el contrario, nuestros pensamientos están llenos de visión y esperanza expectante, y luego enlazamos nuestros sentimientos, fe y recursos, comenzamos a tomar medidas para encontrar una solución los problemas de la vida. Dios, conociendo la importancia de los pensamientos y las intenciones del corazón, quiere poner visión y verdad en cada uno de nosotros para producir fe y hacernos fructificar.

En 1 Corintios 13:13 leemos: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (RV60). El amor es primordial, pero todo lo que recibimos de Dios, lo recibimos por fe. La visión generará esperanza, para que la fe pueda hacernos avanzar. Es por eso que Dios quiere poner un sueño o visión en nuestros corazones. Esa es una importante función de la profecía. Si no hay sueño ni visión, la esperanza y la fe tampoco están operando.

Es importante mantener la calma cuando se trata de escuchar al Espíritu. Él ha prometido hablar con nosotros. Nos ha dicho que sus ovejas conocen su voz. Cuando busque escucharlo, trate de “bajar su volumen” emocional. Pídale que le dé calma y paz, y que usted no esté lleno de sus propios sentimientos, sino que se llene de los pensamientos y deseos divinos. Confíe en que Él le hablará, y descanse en su presencia. Cuando escuchamos al Señor, como hijos suyos, nunca tenemos un espíritu de temor. Usted sabrá cuando es Él quien le habla, porque Dios mismo lo confirma con su pacífica presencia.

Si se siente incómodo o sigue estando inseguro respecto de una palabra o algo que se siente movido a hacer, hable con alguien más. A veces Dios le da la interpretación a otra persona, para que el Cuerpo de Cristo pueda operar como una unidad.
- Tomado del libro Libere el poder profético por Jeremy Lopez

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